”Retos de la Evangelización, hoy, a la luz de S. Pablo”




Ponencia del Excmo. y Rvdmo. D. Francisco Cerro Chaves, Obispo de Coria- Cáceres
Pablo, como bien sabemos, jugó un papel clave y decisivo, aunque no único, en la primera expansión del cristianismo, por eso encontramos una gran relación entre la misión de Pablo, el gran evangelizador y los retos de la nueva evangelización o de la evangelización hoy.

La tradición cristiana conoce a San Pablo como “el Apóstol, el Evangelizador”. El, no sólo vivió apasionadamente la misión de evangelizar, misión, que se le había confiado, sino que en sus cartas deja buen testimonio de su vivencia de evangelizador.

Por ello, las actitudes apostólicas que Pablo desarrolla testimonian formas válidas para todo evangelizador, sin ellas ningún método evangelizador resultará eficaz ni fructuoso.

Sus escritos no son impersonales, sino que en cada línea se manifiesta el alma y el corazón del Apóstol, lo que para nosotros debe ser iluminador.

La nueva evangelización o la evangelización de hoy, nos presenta unos retos ante los que es necesario, sembrar un nuevo entusiasmo para que el Evangelio nos atrape y se difunda.
Dichos retos son abundantes, señalo alguno de ellos:

A) La globalización como fenómeno real y a la que la Iglesia le reconoce sus valores positivos, aunque no deja de preocuparle los aspectos no tan positivos.
Pablo es claro ejemplo de globalización evangélica porque su actividad misionera, evangelizadora la llevó a cabo desde Oriente a Occidente.El, judío de formación farisea, nacido en ciudad griega y ciudadano romano, “un hombre privilegiado” al decir de Romano Guardini, convertido al cristianismo, se siente llamado a evangelizar a todo el Universo
Sale a predicar y va cambiando el contenido de su predicación según las características y necesidades de sus receptores. De religión judía, de lengua griega, cultura helenística y ciudadano romano y del mundo, es una buena carta de presentación para evangelizar hoy.

Por otro lado:
B) Los empobrecidos.
Preocupa que la persistencia de la pobreza, la miseria y el desempleo sigan siendo un escándalo.
● La familia sufre actualmente los peores embates de la historia; el matrimonio pierde valor. Hay quien prefiere el matrimonio sin compromiso. Hay quienes defienden el matrimonio entre parejas del mismo sexo. La educación cristiana se ¿instaura? como necesaria.
● Falta compromiso pastoral en muchos miembros de la Iglesia, el indiferentismo religioso se ha hecho sentir en el seno de muchas comunidades.

C) Increencia.
Hay quienes quisieran vivir como si Dios no existiera y muchos creyentes tienen miedo o vergüenza de expresar públicamente su fe, o, de defender los principios de la moral cristiana cuando trata de oponerse al aborto o a la eutanasia, a la “mentalidad dominante”, donde el hombre no cuenta por lo que “es” sino sólo por lo que “hace”. Las conclusiones desde esta premisa, es lo que vemos en nuestra sociedad.

Dichas situaciones en la sociedad actual, que podemos llamar” “signos de los tiempos”, necesitan una renovada evangelización, lo que se nos presenta como nuevos retos a la evangelización de hoy.

D) Indiferencia.
Otro reto actual para la evangelización no es que la gente piensa y pregunta mucho; es que no piensa, ni pregunta. El problema es que habiendo dado la espalda al Dios verdadero y a su Palabra revelada, no tienen manera de constatar si su fe es verídica o no, pero no les importa, creen porque necesitan creer.

Muy distinta fue la experiencia evangelizadora del apóstol Pablo en el primer siglo. Con frecuencia su punto de partida fue el encuentro con los congregados en la sinagoga en torno a la Escritura. Había un punto de coincidencia: Todos creían que las Escrituras eran fidedignas. Esto es lo que he desarrollado en la carta Pastoral sobre la PRIMACIA DE LA PALABRA.

Lucas, incluso nos cuenta que cuando Pablo y Silas llegaron a Berea encontraron a unos judíos de “sentimientos más nobles que los de Tesalónica, de modo que recibieron el mensaje con avidez, todos los días examinaban las Escrituras para ver si era verdad lo que se anunciaba” (Hch. 17, 11)

Junto a estos retos, ha surgido en la historia reciente el gran reto de la misión de la Iglesia en los países de la vieja tradición cristiana. Donde esta misma expresión “vieja tradición cristiana”, señala cuál es el problema: que el cristianismo se ha convertido, en parte, sólo en eso, en una vieja tradición, en un testimonio del pasado, en un recuerdo más o menos amado.

A San Pablo le tocó vivir en el momento culminante de la historia, en la plenitud de los tiempos, cuando “Dios envió a su Hijo al mundo, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley y para que recibiéramos la filiación adoptiva” (Gal. 4. 4 – 5)

Es el momento en que, con la venida de Cristo, se ha manifestado a los hombres y se ha realizado el misterio de la salvación escondido y mantenido en secreto durante siglos eternos” (Rom. 16. 25 – 26); (Ef. 3. 5 – 6)

Este hecho es imprescindible para entender la colosal obra misionera, evangelizadora de Pablo, pues así como en los tiempos de Pablo, también hoy, Cristo necesita apóstoles, evangelizadores, dispuestos a sacrificarse teniendo siempre presentes los retos de su misión evangelizadora. Necesita testigos y mártires como Pablo; fue perseguidor violento de los cristianos, cuando en el camino de Damasco cayó en tierra y cegado por la luz divina, se pasó sin vacilar al Crucificado y lo siguió sin volverse atrás, vivió y trabajó por Cristo; por él sufrió y por él murió. Su ejemplo es totalmente actual y es un modelo a imitar por los servidores del Evangelio de todos los tiempos.

La Iglesia, el mundo, necesita testigos y evangelizadores de Jesucristo, que verdaderamente crean en él, en la fuerza de su presencia actual al estilo de Pablo. Testigos convencidos de la actualidad de Cristo Resucitado, del valor y del poder transformador del Evangelio. Se necesita evangelizadores capaces de ilusionar y crear vida ante la acidez externa, incluso si esto supone un riesgo como supuso a Pablo la burla por parte de algunos en su misión evangelizadora.

No podemos olvidar que estamos en una nueva época de misión.

* Es verdad, que todavía quedan zonas apenas evangelizadas en América o en África. Es verdad, que hay que apoyar y atener a muchas necesidades de las llamadas “Iglesias jóvenes” que se han desarrollado con tanta fuerza.

* Es verdad, que en el siglo XXI está presente el reto de las grandes naciones asiáticas, como la India, China o Japón, donde la presencia de la Iglesia, aunque arraigada ya, todavía es casi testimonial.

* Es verdad, que se sigue planteando el reto, con más de mil años a cuestas, del mundo musulmán, prácticamente impermeable a la evangelización cristiana.

Pero junto a estos retos, ha surgido en la historia reciente otro gran reto. El de la evangelización de la Iglesia en los países de vieja tradición cristiana. Esta expresión “vieja tradición cristiana”, señala cual es el problema: que el cristianismo se ha convertido, en parte, sólo en eso; en una vieja tradición, en un testimonio del pasado, en un recuerdo. No es mi intención hacer un diagnóstico del pasado esto es mejor dejarlo en manos de los historiadores. Una nueva evangelización, que, sin olvidar las otras dimensiones de la misión de la iglesia, nos advierte hay una tarea nueva, nuevos retos. La misión de reevangelizar, de anunciar el Evangelio como si fuera otra vez nuevo en los países de “vieja tradición cristiana”.

El punto de partida de la evangelización no es el análisis, el análisis no cura ayuda a curar, minucioso de la situación actual de la cultura contemporánea, sino la fe en la Resurrección de Cristo que es siempre lo más actual. La descripción de la situación, las estadísticas de la falta de fe, puede darnos algunas pistas para orientar la evangelización y sobre todo, para señalarnos su urgencia.

Pero lo que realmente orienta nuestra evangelización y nos anima a conseguir los retos de la misma es la fe en Jesucristo, confiando en El, al igual que Pablo “sé en quién me he fiado”, en la presencia, y en el valor perenne del mandato que aparece en el evangelio de Mateo: “id, pues, y haced discípulos a todas las gentes” acompañado de la consoladora afirmación: “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt. 28, 19).

Si San pablo se hubiera entretenido, en su misión de evangelizador, en hacer un diagnóstico de la situación cultural y espiritual de Corinto, probablemente nunca hubiera predicado allí. Las estadísticas de la práctica religiosa de aquel puerto cosmopolita de la Antigüedad eran, sin duda, peores de las que pueden ser en nuestras áreas más descristianizadas.

Otro tanto podríamos decir de Atenas, donde, como nos confiesa el propio San Lucas: “todos los atenienses y los forasteros que allí residían en ninguna otra cosa pasaban el tiempo sino en decir y oír la última novedad” (Hch. 17, 21)

Pero Pablo, como buen evangelizador obedeció valientemente al “Dios que hizo el mundo” (Hch. 17, 24), rechazó los ídolos falsos y proclamó la resurrección de Cristo.
Pablo es por antonomasia, el apóstol, el evangelizador de las “Gentes” o de las “naciones”, está claro, nadie queda excluido de la voluntad de Dios que “quiere que todos los hombres se salven” (1 Tm.2, 4)

Esa es la voluntad de Dios, pero este Dios necesita quien lleve su mensaje de salvación a todos los hombres. “Todo el que invoque el Nombre del Señor se salvará”.

Dice San Pablo: “pero ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído” ¿cómo creerán en aquel a quien no han oído? ¿Cómo oirán sin que se les predique? Y ¿cómo predicarán si no son enviados? (Rm.10, 13 – 17)

Como dice la Escritura: ¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae buenas nuevas, que anuncia salvación” (is. 52, 7)

Dios ha querido disponer de testigos que lleven su mensaje, que anuncien la Buena Nueva del Evangelio y a Pablo le tocó abrir de par en par las puertas de la primitiva Iglesia a los gentiles, a muchos tipos de gentiles de muchas naciones.

“Él que actuó en Pedro para hacer de él un apóstol de los circuncisos, actuó también en mi para hacerme apóstol de los circuncisos… “ (Gl 2. 8) A San Pablo como a todo evangelizador le tocó llevar a la práctica las promesas universales de salvación.
Él, encarna la dimensión universal, reto de toda evangelización, también de la de de hoy a la que está llamada la Iglesia desde el principio.

Ante los retos de la nueva evangelización, la figura de Pablo es aliento y luz para todo evangelizador de hoy, que está en el corazón mismo de la Iglesia.

Por eso, al igual que Pablo, que mostró su preocupación por todos los sectores que componían y enriquecían las comunidades cristianas, dice a los atenienses: “Dios pasando por alto los tiempos de la ignorancia, anuncia ahora a los hombres que todos y en todas partes deben convertirse”(Hch 17, 30). Esta era su convicción. Quería llegar a “todos y en todas partes”. Conocemos el resultado de aquella osadía: “unos se burlaron y otros dijeron: sobre esto ya oiremos otra vez”. Pero los Hechos de los Apóstoles nos dicen también que: “algunos se adhirieron a él y creyeron (Hch. 17, 32). Hoy como ayer el mismo Evangelio, las mismas dificultades, también los mismos retos. Pues, bien, repito, al igual que Pablo, todo evangelizador ha de llevar sobre si el signo de la universalidad que caracteriza a la Iglesia de Cristo, en el cual todos los carismas son bien recibidos y nadie ha de sentirse incomprendido o relegado en la única comunidad eclesial.

EXPERIENCIA DE DIOS, FORMACIÓN.
Uno de los retos principales en la evangelización que nos plantea la sociedad actual es que la fe de quienes nos llamamos cristianos sea más convencida, convencedora y más personalizada. Hemos de pasar de un "cristianismo sociológico" (conjunto de manifestaciones religiosas externas de origen cristiano transmitidas por tradición) a un encuentro personal con Dios del que brote una vida entregada por amor.
No puede quedar duda en el reto que se nos presenta dentro de la Nueva Evangelización: “intensificar la personalización de la fe en los creyentes y las comunidades para pasar de meros espectadores a evangelizadores”. De una buena personalización de la fe dependerá que esa fe sea más eclesial y más comprometida
He señalado son muchos los retos que hoy tiene la evangelización, tiene también, como finalidad formar hombres y comunidades maduras en la fe y dar respuesta a la nueva situación que vivimos, provocada por los cambios sociales y culturales de la humanidad. Ha de tener en cuenta la urbanización, la pobreza, la marginación, sin olvidar a los jóvenes. Nuestra situación está marcada por el materialismo, la cultura de la muerte, la invasión de las sectas y propuestas religiosas de distintos orígenes.
El reto de la Evangelización hoy y siempre nos compromete con Jesucristo, Evangelio vivo del Padre, y con la Iglesia, pueblo de Dios, que continúa la obra realizada por Jesucristo.

A MODO DE CONCLUSION.

La evangelización, en este mundo actual, nos plantea un gran reto. Nos encontramos en una sociedad que vive de espaldas a Dios, encerrada en el dinamismo suicida del egoísmo y la mentira existencial como forma usual de vida. Un mundo esclavo de múltiples rupturas y contradicciones, donde la cultura de muerte, con su endiosamiento del poder, del tener y del placer, desenfrenados, lo penetra todo.

Un mundo en el que muchos de los seres humanos se precipitan —aun sin darse bien cuenta de ello— por la dramática pendiente de la desesperanza, en que tantos y tantos corazones sufren la terrible angustia de sentirse viviendo en medio del desierto del sinsentido, de la soledad, del sufrimiento. En un mundo que agoniza por falta de luz y calor, no debemos permanecer indiferentes.
Frente al duro panorama que nos rodea, hoy más que nunca, suena con dramática urgencia la llamada que el Señor Jesús nos hace a cada uno de nosotros: “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes” (Mt. 28, 19). El Señor Jesús es la respuesta a la crisis del hombre, ya que sólo Él es Camino, Verdad y Vida, sólo Él tiene palabras de vida eterna, sólo Él es el agua viva que calma nuestra profunda sed de infinito.

El reto de la evangelización que se nos presenta es inmenso, pues es todo un mundo el que se ha de rehacer desde los cimientos, que es necesario transformar de salvaje en humano, de humano en divino, es decir según el corazón de Dios. Grande y a la vez apasionante tarea, que lleva a las personas que han ahondado en su interior a repetir con el Apóstol Pablo: “¡Ay de mí, si no predicara el Evangelio!”(Cr.9, 16).

APRENDER DE SAN PABLO.

Mucho nos enseña San pablo en su misión de evangelizador hay algunos rasgos muy acusados que, todavía hoy, nos enseñan cuáles son las bases de la verdadera evangelización cristiana. Los vamos a recorrer brevemente alguno de ellos.

CENTRARSE EN CRISTO.
(Delegaciones, Parroquias, Movimientos, Cofradías).

La vocación de san Pablo se inicia con un encuentro con Cristo. San Pablo recibió entonces ese testimonio personal y duradero del "Yo estoy con vosotros". "Aquel que me separó desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia tuvo a bien revelar en mí a su Hijo, para que le anunciase entre los gentiles" (Ga 1,15-16).

Ese primer encuentro se convirtió en la referencia permanente de toda su misión. Su conversión no fue resultado de pensamientos o reflexiones, sino fruto de una intervención divina, de una gracia divina imprevisible. Desde aquel momento puso todas sus energías al servicio exclusivo del Jesucristo y de su Evangelio.

San Pablo vivió de manera radical su misión de apóstol. Escribe así a los de Corinto, cuando está entre cadenas en Roma: "Yo hermanos cuando fui con vosotros, a predicaros el testimonio de Cristo, no fui con sublimes discursos de sabiduría humana, puesto que no me he preciado de saber otra cosa entre vosotros que a Jesucristo, y éste crucificado" (1 Co 2, 1-2). Y un poco más adelante, para dejar bien claro cuál es el fundamento de la predicación cristiana, añade: "¡Mire cada cuál como construye! Pues nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo" (1 Co 3,11).

Su predicación se basaba en el testimonio vivo del resucitado que le había convertido en discípulo, no predicaba sus teorías, no se predicaba a sí mismo: "No nos predicamos a nosotros mismos-dice a los Corintios-, sino a Cristo Jesús como Señor, y a nosotros como siervos vuestros por Jesús" (2 Co 4,7)

Pablo es consciente de lo que significa esa presencia, que llega a ser interior a cada cristiano. Explica a los Gálatas: "Todos los que os habéis bautizado en Cristo os habéis revestido de Cristo: ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si sois de Cristo, ya sois descendientes de Abrahán, herederos según la promesa" (Ga 3, 27-29).

Él experimentó en su propia vida y dejó como parte principal de su doctrina lo que significa "vivir en Cristo" (Rm 8, 1.2.39; 12,5; 16,3.7.10; 1 Cor 1,2.3, etc.). Comenta el Papa Benedicto XVI: "Nuestra vida cristiana se apoya en la roca más estable y segura que pueda imaginarse. De ella sacamos toda nuestra energía, como escribe precisamente el Apóstol: “Todo lo puedo en Aquel que me conforta (Flp 4,13)

ATREVERSE A EVANGELIZAR.
(Si no tengo amor- caridad- nada soy)

Merece la pena destacar también un segundo rasgo muy acusado en la vida de san Pablo. San Pablo sentía la urgencia de la predicación con la vida. San Lucas nos cuenta elocuentemente que, mientras andaba por Atenas contemplando los monumentos y los templos religiosos, su espíritu se consumía interiormente “al ver la ciudad llena de ídolos" (Hch 17,16).

Así se lo confiesa también a los Corintios: "Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria: es más bien un deber que me incumbe. ¡Ay de mí si no predico el evangelio! Siendo libre me he hecho esclavo de todos para ganar a los que mas pueda. Con los judíos me he hecho judío para ganar a los judíos. Me he hecho débil con los débiles para ganar a los débiles. Me he hecho todo a todos para salvar a toda costa a algunos. Y todo esto lo hago por el Evangelio para ser partícipe del mismo" (1 Co 9, 16-23).

El impulso de san Pablo nace de un arraigado amor a Dios y a los demás. Esto es la primacía de la caridad como he desarrollado en mi carta Pastoral, “Sino tengo amor nada soy”. De una fuerte conciencia de la necesidad de evangelizar y del beneficio tan grande que supone el evangelio de Cristo para los hombres. Por eso se hace "todo para todos". "No busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo soporta" (1 Co 13,4-7). Y en otro momento dice: "Si nos insultan, bendecimos. Si nos persiguen, lo soportamos. Si nos difaman, respondemos con bondad" (1 Co 4,12-13). Y también: "Por eso me complazco en mis flaquezas, en las injurias, en las necesidades y las angustia sufridas por Cristo; pues, cuando soy débil entonces soy fuerte" (2 Co 12, 10-11)

Todavía hoy emociona la relación de penalidades que tuvo que sufrir para ser fiel a su misión: "¿Son Ministros de Cristo -¡digo una locura!- Yo más que ellos. Más en trabajos; más en cárceles; muchísimo más en azotes; en peligros de muerte, muchas veces. Cinco veces recibí de los judíos los cuarenta azotes menos uno. Tres veces fui azotado con varas; una vez lapidado; tres veces naufragué; un día y una noche pasé en alta mar. Viajes frecuentes; peligros de ríos; peligros de salteadores; peligros de los de mi raza; peligros de los gentiles; peligros en la ciudad; peligros en despoblado; peligros por mar; peligros entre falsos hermanos; trabajos y fatigas; noches sin dormir, muchas veces; hambre y sed; muchos días sin comer; frío y desnudez. Y aparte de otras cosas, mi responsabilidad diaria; la preocupación por todas las iglesias" (2 Co 11,23-29).

TESTIGOS.
Hay una curiosa relación entre la presencia prometida de Cristo -"yo estoy con vosotros"- y la eficacia de la cruz. No se puede predicar y transmitir el Evangelio sin estar dispuestos a dar algo de uno mismo. El triunfo de Cristo fue en la Cruz. Y el triunfo de la caridad es también en la cruz. "En cuanto a mí Dios me libre de gloriarme, si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo esta crucificado para mí y yo para el mundo" (Ga 6,14). La cruz es el sello de autenticidad de nuestra obra.
+Francisco Cerro Chaves
Obispo de Coria-Cáceres