Conferencia de P. Francisco Javier Roero Suarez, Edmp(director general de los Esclavos de María y de los pobres)
Introducción
Resumen de la Vida del Siervo de Dios
1.- Fe paulina. Fe leocadina.
2.- Predico a un Cristo Crucificado. (Teología de la Cruz).
¡Arriba a la cruz!.
3.- Vivo encadenado por Cristo. Llevo Cadenas de Amor y de Cruz.
4.- La preocupación por todas las Iglesias. Nada sin la Iglesia. Mis amores.
5.- Si no tengo amor nada soy. Hornos ardientes de Caridad.
Introducción.-
Gran parte de mi vida la paso pidiendo perdón: ora a Dios por mis pecados, ora a mis hermanos por mis faltas ora a la familia por mi falta de compromiso ora a los amigos por mis ausencias… y ora a Vds. por mi atrevimiento de poner voz a la vida, dichos y hechos, de quien hoy tratamos en la privacidad de la Iglesia como “Aquél que nos recuerda siempre la presencia amorosa de Dios”: Leocadio Galán Barrena.
Cuanto aquí se recoge no es sólo fruto de la experiencia de mi vida, también de una lectura atenta y pausada de varios libros sobre San Pablo, sus propias cartas, y una profundización en los escritos de nuestro Padre y en los míos propios, expresados algunos de ellos en otras conferencias y diversos medios, orales y de escritura.
La metodología usada es vía comparativa, de paralelismos, procurando ser fiel al texto y/o mensaje concreto paulino y la forma de vivir este Mensaje el Cura de Alcuéscar. He escogido varios temas de las cartas de San Pablo, en su análisis veremos gran similitud.
No puedo ocultar que al inicio de este trabajo anduve desorientado, y ha sido durante los ejercicios espirituales impartidos a unos religiosos donde comprendí algo más sobre esta tarea encomendada. Juzguen Vds. luego sobre la misma.
Y por último, agradecer al Sr. Obispo la idea de hacer concreta la presencia entre nosotros y de modo visible al Apóstol de las gentes por medio de los apóstoles de nuestro siglo, en este caso, a través del “Chatarrero” que desde su Fe en el Señor entregó su vida por Amor y en santa Esclavitud a María y a los Pobres, en el día a día.
No es mi intención forzar los textos pero sí veremos que en los escritos de nuestro P.Leocadio está latente el pensar, sentir y vivir de San Pablo: su pequeño Damasco; su vivir encadenado a Cristo y por Cristo; su vivir en la Fe del Hijo de Dios que le ama hasta entregarse por él asentando este anuncio kerygmático en el axioma fundamental de la Resurrección; entender y predicar a Cristo crucificado; su preocupación por las Iglesias; la Caridad; el Apóstol de las gentes…
Y para adentrarnos bien en lo que vamos a decir, quiero tener en cuenta el pasaje de Hech. 26,16, el primer encuentro del Apóstol con Jesucristo, que dice así:: “ponte en pie, levántate; me he aparecido a ti para constituirte mi servidor y mi testigo tanto de las cosas que de mí has visto como de las que te mostraré… Pablo de Tarso, está narrando al rey Agripa su visión y la obediencia que debe a esta visión celestial, y expresa las palabras que Jesús le comunicó. Asimismo el encuentro personal del Siervo de Dios: “Aquella noche, no pudiendo conciliar el sueño y preocupado por cuanto ví... me vino con tal fuerza el pensamiento de dedicar mi vida a los pobres con toda el ansia, y costase lo que costase y de momento con los niños huérfanos, rojillos y azules, a todos los pobres en general y a todos cuantos quisiesen formarse más y más cristianamente…. Y por muchos obstáculos y dificultades que se me pusieron al camino de realizar lo que entonces acababa de ver tan claro, jamás retroceder y siempre avanzar adelante…. Me levanté de temprano como estrenando una nueva vida. Fue una noche histórica para mí, así lo refrendé ante el Señor y la Virgen, a unos pasos de mi casa…[1]
El P. Leocadio no sólo es conocido por su ser también y sobre todo por su hacer. Así oiremos hablar del “cura de Alcuéscar”; del “Chatarrero”; del “Formacionista”; “el mendigo de los pobres” debido a las cartillas de racionamiento; “el cura de los pobres”, pues no había necesidad que no quisiera socorrer, baste nombrar como ejemplo el pueblo de colonización que diseñó y ofertó a 40 familias en una finca en Mirabel; “el esclavo de los pobres”; debido a la Cooperativa creada y al Banco de la Providencia que fundó lo llamaban el “recaudador de los pobres”,…este banco era de gran interés pero cero intereses… y otros apelativos. Lo divino y lo humano conviven sin dicotomías y sin mezcolanzas extrañas en nuestro Siervo de Dios.
Intentaré trasmitir ese ardor paulino que vive latente en el alma de nuestro P. Leocadio Galán y no he encontrado mejor expresión que esta para definirle y que sea al mismo tiempo quien dé título a nuestra conferencia: “Vivo en la Fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí”. Y esta verdad la he desglosado en cinco apartados:
1.- Fe paulina. Fe leocadina.
2.- Predico a un Cristo Crucificado. (Teología de la Cruz). ¡Arriba a la cruz!.
3.- Vivo encadenado por Cristo. Llevo Cadenas de Amor y de Cruz.
4.- La preocupación por todas las Iglesias. Nada sin la Iglesia. Mis amores.
5.- Si no tengo amor nada soy. Hornos ardientes de Caridad.
1.- Resumen de la Vida del Siervo de Dios
El P. Leocadio Galán Barrena nació en Calamonte, provincia y diócesis de Badajoz, el 24 de febrero de 1910. Recibió el agua del bautismo en la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Calamonte el 2 de marzo de dicho año. Al nacer le pusieron el nombre de Francisco y al ser bautizado el de Leocadio Primitivo, si bien sólo uso el de Leocadio. Sus padres eran pobres jornaleros.
Desde niño, como monaguillo en la iglesia parroquial, empezó a servir al Señor y en este servicio, de una u otra manera, estuvo todos los días de su vida. Aprendió las primeras letras en la escuela del “Ave María” que había fundado el Párroco y atendía un maestro de los formados por el P. Manjón.
La piedad y buen servicio como monaguillo, así como su aplicación en la escuela, llamó la atención al Párroco que lo encauzó hacia el Seminario y suplió para ello las carencias económicas de sus padres. Tenía 9 años cuando ingresó en el Seminario de Badajoz. En 1931 terminó los estudios sacerdotales y al no tener edad para recibir las órdenes sagradas tuvo que esperar hasta el 29 de junio de 1932 en que, previa la dispensa canónica de edad, fue ordenado sacerdote en Badajoz.
El primer destino pastoral del P. Leocadio fue de coadjutor en la parroquia de Alcuéscar, provincia de Cáceres y entonces diócesis de Badajoz. Llegó a este pueblo el 2 de septiembre de 1932, y en él permaneció el resto de su vida. De esta parroquia fue después ecónomo en 1937 y párroco en 1944, permaneciendo en este último servicio hasta 1962 en que le fue aceptada la renuncia.
La noche del 31 de julio al 1 de agosto de 1939 fue crucial en la vida del P. Leocadio. Recibe una “inspiración” que le impulsa a entregar su vida a la Formación Cristiana de la masa rural, obrera y campesina. Medita esta llamada ante el Santísimo Sacramento y a los pies de la Santísima Virgen, y el 1 de enero de 1940 comienza con un seminario formacionista, dirigido a niños y jóvenes aspirantes al sacerdocio y al mismo tiempo abierto a otros niños y jóvenes, que sin sentir vocación, estaban necesitados de educación y no contaban con medios para alcanzarlas.
También, cuando surgió la oportunidad del momento, abrió talleres de formación profesional para los jóvenes. De este modo daba cultura cristiana a los niños y cultivaba las vocaciones, logrando formar buenos cristianos y sacerdotes para la incipiente Obra y para las diócesis de Badajoz y de Coria-Cáceres, así como para la vida religiosa.
Por septiembre de ese mismo año 1940 acogió al primer anciano desvalido, abriéndose a una caridad orientada hacia los más pobres, los inválidos, los discapacitados, los abandonados... Nació así la “Misericordia” de la Obra, donde atendía el cuerpo del necesitado y cultivaba y orientaba su alma hacia Dios.
Con esta doble tarea, añadidas a las obligaciones parroquiales, que nunca descuidó, se trazó el plan de vida: formar cristianamente a los niños y jóvenes y atender a los pobres y desvalidos, plan que cumplió con fidelidad y que respondía a la promesa hecha a Dios y a la Virgen en la noche de la “inspiración”. Este plan fue y es la tarea de sus seguidores en el Instituto que fundó de “Esclavos de María y de los Pobres”.
Por estas mismas fechas orientó a unas jóvenes a hacer las mismas tareas con las niñas, naciendo así una rama femenina que terminaría en las religiosas “Hijas de la Virgen para la Formación Cristiana”.
La Obra del P. Leocadio, que él denominaba de la “Santa Esclavitud de la María y de los Pobres”, recibió la aprobación del Obispo de Badajoz, el 2 de febrero de 1955, como “Pía Unión”. Después de su muerte, el Obispo de Coria-Cáceres, a cuya diócesis pertenece Alcuéscar desde 1956, aprobó, el 21 de marzo de 1994, las Constituciones que, por exigencia de la Iglesia, fueron acomodadas al nuevo Código de Derecho Canónico y pasó a denominarse Instituto de “Esclavos de María y de los Pobres”.
El P. Leocadio, según iba acrecentándose la Obra, empezó a sentir la necesidad de dedicarse más de lleno a su atención y en varias ocasiones presentó la renuncia de párroco, que por fin le fue aceptada en 1962. Y es de notar que al despedirse de los feligreses, el 6 de agosto de este año, les manifestó que en adelante no interferiría en nada las relaciones del nuevo párroco con sus feligreses y que no acudiesen a él en asuntos estrictamente de vida parroquial. Esto se cumplió siempre, sin que restase por ello una buena relación de sincero afecto del P. Leocadio con sus antiguos feligreses y con el párroco.
La labor pastoral que ejerció en Alcuéscar fue muy fecunda desde el primer momento: predicaba con entusiasmo la Palabra de Dios e incluso salía a la plaza del pueblo para que también la escuchasen los hombres que no acudían a la iglesia; organizó un coro parroquial para dar esplendor a las funciones litúrgicas; reorganizó la Acción Católica masculina y creó la femenina; celebró Semanas Marianas y Asambleas Eucarísticas; estableció los Jueves Eucarísticos; atendió otras múltiples actividades parroquiales, reforzando y actualizando las existentes y creando las que iban surgiendo en el seno de la Iglesia.
El P. Leocadio, siendo muy consciente que para una buena y eficaz labor pastoral es necesario e imprescindible la ayuda de lo Alto, se refugiaba constantemente en la oración ante el Santísimo Sacramento y la Santísima Virgen, sus dos grandes amores junto con los pobres. Y para encontrarse más a solas en la intimidad con Dios, los días que tenía más libre, se retiraba al Valle de la Jara y en oración contemplativa alababa a Dios, escribía y pedía ayuda para la Obra. En este lugar de retiro, muy amado por él, construyó una pequeña ermita y un "minimonasterio", donde hizo un breve ensayo de vida monástica, durante unos cinco años, con un grupito de sus seguidores y que tuvo que cerrar por carecer de personal suficiente para la atención de los niños y pobres necesitados; pero dejó bien claro la necesidad que la acción de la Obra necesitaba estar respaldada por la oración. Por ello puso como fundamento de la vida del “Esclavo” la oración y el recogimiento e incluido el silencio, y dejó abierta la posibilidad de que algún día pudiese tener la Obra una rama de contemplativos.
La cruz nunca estuvo ausente de la vida del P. Leocadio. De niño le tocó vivir la pobreza en una familia de padre jornalero y madre dedicada a servir en casas del pueblo; en el seminario por una grave enfermedad casi tiene que abandonar los estudios; durante la República sufrió desprecios e injurias, en la postguerra hambre y necesidades, y más tarde incomprensiones, calumnias, abandono de algunos de sus seguidores y la invalidez física durante los cinco años últimos de su vida. A estas cruces personales se le añadían, las más duras para él, las de ver a tantos menesterosos que llamaban a su puerta y para los que tenía que buscar la misericordia por no tener muchas veces con qué socorrerlos. Aceptaba estas cruces como voluntad divina y las unía a la de Cristo, buscando la gloria de Dios. De aquí que tuviese siempre presente en su vida el símbolo de la cruz, esas cruces, grandes sin Cristo, que sembraba en los campos, en los edificios y que presidía su habitación dormitorio. Abrazado a la cruz entregó su alma al Señor el 27 de enero de 1990 en Alcuéscar (Cáceres).
El P. Leocadio deseaba unos funerales sencillos y en la intimidad de sus hijos, pero no pudo ser así. La noticia de la muerte corrió rápidamente, y por la capilla ardiente, durante dos días, no dejaron de pasar personas que acudían a darle el último adiós y muchos le pasaban por las manos diversos objetos que guardaron como reliquias. A las exequias, presididas por el Sr. Obispo de Coria-Cáceres, acudieron más de un centenar de sacerdotes, que concelebraron con el Prelado, y una ingente multitud de Alcuéscar y de otros lugares. Sus restos mortales descansan en la iglesia de los Esclavos de María y de los Pobres de Alcuéscar.
El P. Leocadio fue considerado en vida como un sacerdote de grandes virtudes, de mucha oración y piedad, de mucho celo por la formación religiosa y humana de sus feligreses, y, sobre todo, de gran caridad para con los pobres, inválidos, discapacitados, abandonados... Después de su muerte esta fama no ha disminuido y sigue muy presente en las Obras que fundó y en sus hijos los Esclavos de María y de los Pobres.
La canonización del P. Leocadio será un estímulo para los dedicados al apostolado rural y para los que se sienten llamados a una vida orientada al servicio de los pobres, y en especial para los Esclavos de María y de los Pobres y los aspirantes a esta vocación.
Se abrió el proceso de beatificación del Siervo de Dios en 2001 el 12 de mayo, en la Casa Madre de los Esclavos de María y de los Pobres. El acto estuvo presidido por el Sr. Obispo de la Diócesis y acompañado por el Sr. Arzobispo de Mérida-Badajoz así como por numerosas autoridades civiles y eclesiásticas y varios centenares de fieles devotos del Siervo de Dios y amigos de la Institución religiosa venidos de los distintos puntos de la geografía española. Tras tres años de investigación y recopilación de documentos y testigos se clausuró el proceso de beatificación en su fase diocesana el 12 de mayo de 2004. Tuvo lugar en la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Alcuéscar. Al acto asistieron no sólo fieles devotos de la localidad también de muchos otros lugares donde tiene presencia el Instituto Religioso y donde es conocido y querido. De un modo u otro tanto los que asistieron a la apertura del proceso de beatificación en su fase diocesana como a su clausura son personas que viven el Carisma de la Santa Esclavitud de María y de los Pobres y forman parte de esta Familia Religiosa, si bien cada uno lo vive de un modo diferente: bien a través de la oración bien a través de la revista bien siendo Esclavo Seglar bien perteneciendo a las diferentes Asociaciones bien como colaborador bien como simpatizante... en todos ellos, y este es el común denominador, intervino la figura y personalidad del Siervo de Dios y los seguidores del mismo.
1.- La Fe paulina. La Fe leocadina.-
A) La Fe Paulina.-
“Vivo de la Fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí”. Robamos al Apóstol su profesión de Fe a corazón abierto, la más personal quizás que tiene en todos sus escritos, dirigida a los Gálatas (2,20). ¿De dónde brota?. Se sabe amado por Jesucristo entrañablemente, personalmente (permítanme esta licencia lingüística). En su conciencia vive la creencia que Cristo afrontó la muerte por él y lo sigue amando como Resucitado.
La Fe paulina consiste en ser conquistado por el amor de Jesucristo, un amor que lo conmueve en lo más íntimo y lo transforma. Su fe es el impacto del amor de Dios en su corazón[2]. Fe y amor a Jesucristo se confunden en San Pablo.
B) La Fe Leocadina.-
“Por fin soy un contemplativo”. Esta expresión encuentra eco en los últimos momentos de su vida, cuando queda inválido. Es una finura de este gigante de la Fe, como algunos le han definido. Da gracias al buen Dios por su invalidez, parece ser que es la única manera de dedicar sólo y exclusivamente su tiempo a Dios, pues como él mismo decía: “ya anduvo demasiado ya habló y predicó lo oportuno”
Estamos ante un hombre eminentemente orante y contemplativo, y sus frutos: la Fe. No podía vivir sin oración. Confiada y segura. Muy penitente, así fortalecía su Fe. El tenía su Fe en Dios, la Eucaristía y una devoción grande a la Virgen. Siempre decía “cuando Dios quiera y como Dios quiera”. Su Fe es abandono absoluto y ciego en las manos de Dios. Y lo cierto es que las cosas salían. Dios no le fallaba, siempre respondía a su confianza, así se ganó el título del “hombre providente”. En temas económicos decía que pertenecía “al banco de la Providencia” y así siempre nos alentaba: “hágase lo que se deba aunque se deba lo que se haga”. Dios nunca deja en mal lugar a sus hijos, pero eso sí hay que ayudar a la Providencia.
Baste anotar dos anécdotas:
1) “enterados de un congreso de enfermería en Madrid, se decide que vaya un Hermano. 4000 ptas hacían falta, las que había en la caja. El hermano que dice que no, el Padre insiste… Un señor que va camino de Madrid se ofrece a llevar al Hermano y al saludar al Padre deposita en su mano 20.000 ptas. El P.Leocadio resuelto se vuelve y le dice al Hermano: ves, tonto, si yo no te doy las 4.000 ptas. La Providencia no nos da las 20.000 ptas.”
2) Llegó el primer cochecillo. Se necesitaban 500 pesetas para ir a recogerlo, echarle gasolina, etc. Y el Padre envió a un Hermano a pedir. Éste no pudo conseguir nada. Entonces llegó una carta de un sacerdote de Garrovillas, canónigo en Sevilla, con un billete de 500 pesetas. Y al día siguiente un señor con otro donativo de 500 pesetas. Su comentario fue: “Dios siempre da el doble de lo que se necesita”
“Vivo de la Fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí”. ¿de dónde brota?. Así lo expresa él mismo: “Dios Padre, a quien quiero, y siempre he querido, a pesar de todo, muy amado, conocido y seguido de todos los hombres que a mi alcance han estado, y aun los totalmente desconocidos de mí”[3]. Igualmente su vida y sus escritos, sus obras: “La Formación Cristiana”, “Las Casas de Misericordia”, su Fundación: “Esclavos de María de los Pobres”, la Casa dedicada a la Contemplación en el “Valle de la Jara”, su ministerio parroquial en la Parroquia Ntra. Sra. del Rosario de Alcuéscar, la dirección espiritual… ponen de relieve que el P. Leocadio fue un hombre de una fe honda y sincera, que todo lo puso en manos de Dios, empezando por él mismo.
En este Esclavo, Fe y Amor en Jesucristo se unen: “Mi santo abandono en el Corazón misericordioso de mi Padre Dios es la última palabra de Amor”. “Mi mayor ilusión es realizar en mí esta suma disparatada: 1+1=1. O sea: Voluntad de Dios más voluntad mía, igual a Voluntad de Dios. La mía se derritió en la de Dios”[4].
En definitiva: Sus relaciones con el Padre por Cristo en el Espíritu Santo eran serenas, confiadas, filiales, sencillas, entrañables... En cada página habla de Dios con una familiaridad y sencillez que muestran que su experiencia religiosa era profunda. Aquí nace su lema, el que acompaña al escudo de la Congregación: “Tu mihi, Domine, et ego Caeteris”
El amor crece a través del amor. El amor es « divino » porque proviene de Dios y a Dios nos une y, mediante este proceso unificador, nos transforma en un Nosotros, que supera nuestras divisiones y nos convierte en una sola cosa, hasta que al final Dios sea « todo para todos » (cf. 1 Co 15, 28). Y así lo experimenta el Cura de Alcuéscar en su oración al Cristo, almendro florido (transcribimos tan sólo algunos párrafos). Nace de la exclusiva Fe y Amor en Jesús, tras el abandono de todos los suyos, incluso sacerdotes. A saber:
“Me da envidia del almendro, Cristo.
Quiero ser como el almendro, Cristo mío.
Aunque sea tarde, no importa.
Quiero responder con lluvias de flores a los golpes que reciba en mi vida... !Como Tú, oh Cristo!”. Amo, y quiero amar más, a los que me hagan mal, y a los que ni siquiera me perdonen. Amo, y quiero amar más, a los que antes me amaban, y ya ni me miran siquiera. Y más quiero amarlos, si más me ofendieran
Amo, y quiero amar más, a los que me hayan vuelto las espaldas. El corazón no tiene espaldas, Señor. Amo, y quiero amar más, a los que yo les resulte ridículo, hipócrita, repugnante y antipático. Tienen más que fundados motivos para ello.
Amo a todos, y de todos quisiera ser amado. Pero sin yo saberlo, oh Cristo.
¡Oh Cristo!...MI ALMENDRO FLORIDO!
Te amo...Los amo.
¿De dónde brota su Fe?: “Que no me busquen, pues, en el mundo. Yo soy un hombre perdido para el mundo. Me he perdido en Dios. Yo soy una gota de agua caída en el mar de Dios. En el mundo estaba y del mundo era, pero Dios, que todo lo hace y deshace, de una mota de polvo que yo era en el mundo me cuajó en una gotita de agua perdida en el mar infinito de su Amor, de su Luz”[5].
2.- Predico a un Cristo Crucificado. Teología de la Cruz. ¡Arriba a la cruz!.
A) Predico a un Cristo Crucificado.-
Aquí en este punto es básico el encuentro de Pablo con Jesús, camino de Damasco. En la corazonada de aquel judío había una certeza: la Cruz es Luz. La resurrección le salvó. Este encuentro fue muerte y resurrección para sí mismo: murió una existencia suya y nació otra nueva con Cristo resucitado. Este encuentro con Cristo le transformó en Apóstol de Cristo.
En su segunda carta a los de Corinto, Pablo realiza una admirable síntesis de su teología sobre la Cruz: por una parte, Cristo, a quien Dios ha tratado como pecado a favor nuestro, y murió por todos; por otra parte, Dios nos ha reconciliado consigo, sin imputarnos nuestras culpas. De este ministerio de reconciliación es rescatada toda esclavitud.[6]
¿Por qué hizo San Pablo de la Palabra de la Cruz el punto fundamental de su predicación?. Porque la Cruz revela la potencia de Dios, revela todo su Amor. Es un amor extremoso. Así descubre el de Tarso, hasta de modo experiencial, que Cristo crucificado es sabiduría: la Cruz es el Trono donde Dios se expresa a sí mismo[7]
La teología de la Cruz no es una teoría, es la realidad de la vida cristiana. El cristianismo no es el camino de la comodidad, es más bien una escalada exigente, pero iluminada por la luz de Cristo y por la gran esperanza que nace de Él. San Agustín dice: a los cristianos no se les ahorra el sufrimiento, al contrario, a ellos les toca un poco más, porque vivir la fe expresa el valor de afrontar la vida y la historia más en profundidad. Con todo sólo así, experimentando el sufrimiento, conocemos la vida en su profundidad, en su belleza, en la gran esperanza suscitada por Cristo crucificado y resucitado.
En síntesis, podemos decir con Pablo que el verdadero creyente obtiene la salvación profesando con su boca que Jesús es el Señor y creyendo con el corazón que Dios lo ha resucitado de entre los muertos (cfr Rm 10,9).
B) ¡Arriba a la Cruz!. Su amor a la Cruz.
La Cruz es Luz para el pobre, para todo cristiano. Cristo vence el mal, el pecado, desde la Cruz. A los pobres se les redime desde la Cruz. "Mas que cantar a la Cruz, llevémosla cantando". No hay más que acercarse a Alcuéscar y elevar la vista y divisar desde lejos la “hoguera ardiente y constante” en aquel Monte: la Cruz del Calvario.
Estamos en Uno de los pilares esenciales de nuestro espíritu esclavista y en el que se basa nuestra espiritualidad. Junto a él y desde la infancia espiritual: el Santo Abandono. Porque buscamos con él –por la Cruz- conseguir el fruto más delicioso del Amor.[8] Y como no somos teóricos sino muy muy prácticos: más que cantar a la Cruz queremos llevarla cantando.
Así lo traza en poesía:
“Cuando venga el dolor a visitarme
Y por lecho, tu cruz, Jesús me dieras,
Besar quiero tu mano, aunque me hieras
Y aunque llore el corazón quiero cantarte:
Lo que quieras Señor, Lo que Tú quieras.
Si al pecado la carne me provoca
Y me quiere arrastrar de mil maneras
Si me acosa Satán como una fiera
Al vencerlos yo diré con ansia loca:
Lo que quieras Señor, lo que Tú quieras.
Aunque el mundo se goce en pisotearme
y por vil más que el lodo me tuviera,
aunque Tú mi Jesús hondo me hieras,
otra cosa yo no haré sino cantarte:
Lo que quieras Señor, Lo que Tú quieras."[9]
La Iglesia, nos dice el vaticano II, es “en Cristo como un sacramento”. Nos atrevemos a establecer aquí y hoy un paralelismo cuando nuestro Padre afirma: “… yo tenía por muy cierto que la cruz es la firma que estampa Dios en sus obras, desde que lo fue en la Obra magna de la Redención”[10]. Sacramento como realidad visible de una gracia invisible. La cruz es un símbolo que sin Cristo carece de todo valor redentor. Se hace hasta pesada. Con Cristo se hace dulce llevarla, y por esto mismo es deseo del Esclavo de los pobres: “ser triturado en la cruz de los trabajos y dolores para ser luz de Fe, pan de verdad y auxilio de una vida menos triste y más humana”. D. Leocadio desea ser alimento, alimento triturado en la cruz, en las pequeñitas cruces de la vida ordinaria, pues despreciarlas sería locura insigne. Aprovechemos estas cruces pequeñitas ordinarias pues son moneda que vale. Las otras son solamente soñadas.[11]
Da un paso más el Siervo de Dios en sus continuas afirmaciones sobre el significado de la Cruz y ahora hace una clara y profunda referencia a la Cruz como a la forma de ser propia del Esclavo de María y de los Pobres y de todo cristiano, y aunque le pone música, no desea que se convierta en poesía adornada con música, sino en realidad crucificada[12]. Así reza el himno de la Santa Esclavitud de María y de los Pobres:
En la cima del Gólgota Santo
Hay ardiendo en la cruz una hoguera
Fuego santo que al mundo encendiera
Son sus llamas luz de redención.
Hay un mundo que gime en tinieblas,
Cual tinieblas de aquel viernes santo
Mundo obrero que en trágico espanto
Pide pan, pide amor, pide luz
Y una obra que da a luz esclavos
Engendrados de amor y de cruz
A ese mundo de los desdichados
Lleva Pan, lleva Amor, lleva Luz.
Soy Esclavo, María es mi ama
Y los pobres serán mi señor.
No soy hombre que soy trigo y llama
Soy simiente de su redención [13]
El Siervo de Dios en su ardiente deseo de imitar a Cristo, ama la Cruz. Y puesto que Cristo se clavó en ella hasta morir, cada “Formacionista –todo cristiano- es una cruz en la que se encuentre siempre un Redentor que dé su vida por los pobres”. Toda su vida, la sacerdotal primero y la religiosa después, estuvo impregnada del sello de la Cruz, el sello de Cristo. Así reza el Siervo de Dios: “¡Señor!. Tú y tu Cruz hacéis demasiado por mí”.[14]
¿Por qué hizo el P. Leocadio de la Palabra de la Cruz el punto fundamental de su vida y de su predicación?.
1.- Porque la Cruz revela el fruto más delicioso del Amor. “¡Señor!. Tú y tu Cruz hacéis demasiado por mí”
2.- Porque la firma de Dios es la cruz. Aunque su distintivo el Amor.
3.- Porque aquí descubre al que es la Verdad, y ésta para el Siervo de Dios es: “La verdad es permanecer cerca de quienes sufren, llorar con los que lloran. Hallar contento en aliviar unas penas, negarse a cantar y reír mientras otras lloran, abrir los ojos sobre la infinita miseria de los hombres. La verdad no es el arte, la música, el lujo, la espiritualidad, las risas, o la alegría pagada con el sudor de otros. Es la pena ajena compartida, la cruz de otro llevada por un momento sobre nuestros hombros; es la lágrima que enjugamos, la sonrisa que hacemos hablar, el niño al que salvamos, el viejo a quien consolamos. Esa es la Verdad. Es la senda, la vida y también la verdadera alegría. Pero esto no se puede comprender, no se puede explicar, no se puede demostrar. Pertenece a otro orden de cosas. Pero se vive. La Cruz es Vida, es Verdad, es Luz”[15]
3.- Vivo encadenado por Cristo. Llevo Cadenas de Amor y de Cruz.
A) Pablo, el prisionero de Cristo[16].-
Se denomina en no pocos textos de esta forma: Pablo, el prisionero de Cristo. Se ha convertido en una especie de apodo. Textos que apoyan o demuestran este título: Hech.23,18. 2 Tim.1,8. Ef. 3,1. Ef.4,1. Flm.1,1,. Flm.9,1.
Consideraciones:
a) Flp.1,13: “me hallo en cadenas por Cristo”.Está en la cárcel por Cristo y es su prisionero, llanamente, sin más. El amor a Cristo le ha llevado a la cárcel. Es la consecuencia de la predicación del Evangelio a los gentiles.
b) Es un acontecimiento de Gracia, es un Don. Rechazar estas cadenas sería adulterar el Evangelio (Tim 2,9: “por él
Pablo, de encadenador a encadenado.-
Ha entregado a Cristo toda su libertad, su memoria y entendimiento, todo su ser. “Mirad, que ahora yo, encadenado en el espíritu, me dirijo a Jerusalén, sin saber lo que allí sucederá” (Hech.20,22). Su actividad, después de convertido será:
- Evangelizador.
- Predicador.
- Apóstol de gentiles
Qué significan las cadenas.-
El verbo epistrefo: significa en el NT la acción de volverse y mirar hacia otra cosa. Tornar, darse la vuelta, cambiar la dirección. (Hech.9,35). Fijar la vista en otras metas: “fijos los ojos en Jesús, el que inicia y consuma la fe, el cual, en lugar del gozo que se le proponía, soportó la cruz sin miedo a la ignominia” (Hch.12,2)
En esta conversión de San Pablo llama la atención varios aspectos:
a) Se queda inmovilizado. El verdadero seguimiento del Señor pasa por la Forma Christi: por la forma del siervo, del humillado, del empobrecido, del obediente, del abandonado, del encadenado.
b) La elocuencia de su predicación, encadenado tal y como está, es mayor. Las cadenas gritan la verdad del Evangelio. (anécdota del P. leocadio: un gran predicador, en una ocasión al subir al púlpito para predicar quedó mudo, permaneció varios minutos arriba pero de su boca no salió palabra… se bajó y continuó la celebración… el párroco pensando que fue culpa del monaguillo hizo lo propio: le propinó un tirón de orejas… y el pueblo pensando que era por sus muchas culpas, acudieron con prontitud a la confesión. No se recuerdan tantas confesiones en un solo día…)
c) Las Cadenas del evangelio expresan la identificación de Pablo con Cristo. Esta es la dinámica del martirio: encadenar toda su libertad al Señor Jesús por amor a él, en su servicio, por fidelidad al a misión recibida y al modo jesuánico de cumplirla, para bien del pueblo menudo y atribulado.
B) Leocadio, Esclavo por Amor y para hacerse santo.-
D. Leocadio, ve que su vida es manifestación de la Gracia de Dios (Tit. 2,11-14 y 3, 4-7), que no puede acallar la voz de Dios que le grita para que se entregue al bien de los hermanos más humildes... su corazón se ensancha con esta presencia de Dios en su vida... y esta Gracia se hace profecía, que no es otra cosa que la respuesta: Si Cristo hace tanto por mi, ¿Qué puedo hacer yo?[17]
Comprendiendo bien nuestro querido Padre que la Vocación no deja de ser una sucesión de sucesos sucedidos sucesivamente, comprendió al estilo teresiano aquella anécdota que él mismo narra en su autobiografía: “así comenzó todo parece ser, pues muchos de aquellos jóvenes querían ser sacerdotes, y una tarde, tres de ellos se acercan y me piden que quieren ser sacerdote; y yo, sin esperar nada y henchido de felicidad por contar con tres futuros sacerdotes, les dije pues nada a preparar las cosas… a lo que me respondieron con resolución: no, es que queremos ser sacerdotes como Usted… Y yo me fui al Sagrario, y de rodillas le dije al Señor: pero dónde vas, Jesús, dónde vas… y así recé por aquellos tres:
"que sean, oh Señor, estos Migueles el cimiento moral de nuestra Formación Cristiana, cuyo cimiento y origen queremos que esté en el centro de tu divino Corazón y protegido por la mirada maternal de nuestra Madre Santísima. Amén. Dadles, Señor, la Santa perseverancia en su vocación formacionista"[18]
Estaba clara la sementera: hacer santos. Hemos venido a la Santa Esclavitud para hacernos santos. Y ésta se halla en la cumbre y se sube andando, no corriendo. Ser Esclavo equivale a Ser Santo. Una santidad que consiste en: lo que somos y como somos menos lo que nos sobra más lo que nos falta. Pero a lo santo y perfecto. No santidad de renombre y hornacina, sino perfeccionando nuestras obras ordinarias, sencilla y calladamente hasta lograr hacerlas extraordinariamente. Como el esclavo con disponibilidad absoluta y servicialidad supina. Como el Hijo amando en todo y a todos, siempre. Eso sí, que nadie se entere. Y como hemos anotado: para hacernos. Con la Gracia de Dios todo se puede.
Cierto día acudió a Casa un periodista y la pregunta era la adecuada y esperada: ¿para qué nació esta Obra de la Santa Esclavitud?. Escuetamente respondió el gran orador:
- Para hacer hombres santos, forjando voluntades y llevando a cabo el error matemático: 1+1=1. es decir voluntad de Dios más voluntad mía es igual a la de Dios.
- Para ser Mártires de Amor.
- Para ser hombres Alegres.
- Para ayudar a la Iglesia.
- Para atender a los pobres y evangelizarlos.
- Para el mundo campesino y rural. Para dedicarse al apostolado social.
- Para ser Luz de Redención, en Casas y no en hospitales. Tenemos vocación de redentores. En la Cruz hallamos la salvación, la libertad, y ésta es LUZ, es Vida y la suprema razón de nuestro vivir.
- Para los obreros.
- Para ofertar programas sociales y doctrinal emanado de la cátedra de Pedro.
- Para ser siempre y solo de María.[19]
Muchos han preguntado ¿por qué Esclavos y no Siervos?. Porque así lo quiso la Virgen María:”He aquí la Esclava del Señor”. Y porque Jesús no lo tuvo a menos:”…se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo…”(Flp.2,6). Porque según nuestro hacer somos los esclavos de los pobres…señaló el P. Leocadio. Sí, “pero el Esclavo no ama”. Ante esta objeción, el mendigo de los Pobres, solucionó la disyuntiva: “para el Servicio Esclavos, para el Amor Hijos”[20]
Y no faltaron quienes al oír hablar de “cadenas” entendían que era un anacronismo. Su respuesta no se hizo esperar:
Llevo cadenas de Esclavitud
Son Santas las cadenas
Que a mi alma llenan
de gloria y luz
Son santas mis cadenas
Pues son cadenas
De amor y Cruz.
1) Sublime ideal 2) Cadena rompí 3) Yo tengo un amor
Radiante de luz que al mundo me ató que a nadie daré
A Dios entregar cadena escogí pues cuanto hay en mí
Mi vida hecha cruz que me ata a Dios. De mi Virgen es.[21]
Este camino de Esclavitud a Dios por María para los Pobres llama la atención por varios aspectos:
1) porque es un camino donde los santos no se fabrican en serie. Se tallan y forjan a golpes de gubia y cincel. Y si acaso se fabricasen el molde sería la cruz. El taller donde se tallan es en la tierra, su escaparate el cielo.
2) Porque este camino sólo se recorre caminando, nunca corriendo. A modo de encinas es el crecer del Esclavo, lento pero seguro, sin cansarse.
3) Porque es camino estrecho y con espinas, como los palos de la Cruz del Redentor.
4) Porque es un camino donde priva el Santo Abandono, que es el más breve y el más fácil. Consiste en arrojarse de bruces y sin dudar en manos de Dios y que él escoja y elija, nosotros ¡a caminar!. Nuestros caminos el de la Perfección y el de la Infancia espiritual.
5) Es un camino donde no se puede mirar hacia atrás. No hay espacio para la tibieza.
El fin de la Institución Religiosa es la Formación Cristiana a través de las Obras de Misericordia y sólo en ambientes rurales bajo el prisma claro de la Redención.
Terminamos este apartado orando con el Siervo de Dios:
“Madre, crucifícame con Jesús, pero haz Tú la cruz, que se parezca a la suya,
despójame Tú de todo hoy. Estírame hasta que encaje en ella...
y además de los clavos amárrame bien con “cadenas”...
y ya siempre crucificado con Él... y a mi lado, sólo Tú, Madre mía”[22].
4.- La preocupación por todas las Iglesias. Nada sin la Iglesia. Sus amores.
San Pablo: el luchador y el sufriente[23].
Acompañan las estatuas izadas de S.Pablo por doquier con el símbolo de la Espada. Vemos su significado en tres órdenes: como martirio, como signo del defensor de la Verdad y como signo de la Palabra de Dios “a modo de espada de doble filo…[24]”. Atenderemos sólo la idea de martirio.
a) Como Martirio.-
Quien ahonde en las cartas de Pablo para encontrar en ellas algo así como una oculta autobiografía del apóstol reconocerá pronto que, con el atributo de la espada, el instrumento de su pasión, no se está diciendo solamente algo sobre los últimos momentos de su vida: la espada puede considerarse con razón como el atributo de su vida: “he combatido el buen combate” (2 Tim.4,7) al afrontar la muerte, mientras arroja una mirada retrospectiva al itinerario de su vida.
Se ha dicho de San Pablo que es un hombre de acción, un luchador, de naturaleza violenta. Describimos y descubrimos a San Pablo como:
- El hombre que recorrió una parte significativa del mundo conocido entonces
- El discípulo que se convirtió en maestro de pueblos que llevó el Evangelio de Jesucristo hasta los confines de la tierra.
- El Apóstol que con sus cartas mantuvo unidas las comunidades que había fundado, impulsó su construcción, consolidó su existencia.
- El Apóstol que se opuso de modo temperamental a sus adversarios.
- El Evangelizador que aplicó todos los medios a su disposición para cumplir de la manera más eficiente el deber de anunciar el Evangelio que pesaba sobre sus espaldas (I Cor.9,16).
San Pablo ante todo es un luchador pero no para él crecer, sí para defender a Cristo. Tal y como lo define Santa Teresa de Jesús: “quiere Su Majestad y es amigo de ánimas animosas. Lo primero que obra el Señor en su amigos cuando se vuelven débiles es darles ánimos y quitarles el miedo a sufrir”.
La lucha de San Pablo es la de un mártir, en su carta a Flp.2,17 habla que su vida será derramada como una libación; al atardecer de su vida, en su última palabra a Timoteo (4,6) aparece la misma formulación. Desde su conversión se mantuvo al lado de Cristo crucificado y eligió para sí el camino de Jesucristo. No tenía más arma que el mensaje de Jesucristo y el compromiso de su propia vida con ese mensaje.
San Pablo era un hombre:
- capaz de dejarse herir, era su fortaleza
- no se cuidó a sí mismo
- no intentó mantenerse al margen de contrariedades e incomodidades
- no se deparó una buena vida.
Esto es precisamente lo que ha hecho de San Pablo un hombre creíble. Tal y como él mismo afirma: “muy a gusto lo gastaré todo y me desgastaré a mí mismo, por vuestras almas”. (2 Cor.12,15). Su idea de pastoral o evangelizador no era evitar contrariedades, ni tener buena prensa. Antes al contrario su objeto era sacudir, desvelar el sueño de las conciencias, aunque le costase la vida.
Su acción pastoral pasa, precisamente, no por una retórica brillante y estrategias astutas, sino por el compromiso y la exposición de su propia persona por su mensaje. Del resto, escribe 'todo lo hago por el Evangelio', ejercitando con absoluta generosidad lo que él llama 'preocupación por todas la Iglesias'".
B) D. Leocadio el luchador y el sufriente. Sus amores-
“Aquella noche, 31 de julio de 1939, me levanté de la cama, no podía dormir estaba preocupado por cuanto ya había acaecido y por lo que veía entre los muchachinos de nuevo. Y me fui a los pies de mi Madre Stma. del Rosario y allí, viendo que era eso lo que me pedía el Señor, hice juramento de entregar mi vida a los pobres, de darles Formación Cristiana, de amarles y quererles costase lo que costase. Y sólo en virtud de la santa obediencia dejar esta entrega que brotó en mi alma y aun hoy sigue muy viva y en mis hijitos”[25].
No se hizo esperar nuestro Apóstol. A todos regaló unas cuartillas bien diseñadas donde se explicaba el nacimiento de la Formación Cristiana. Hizo lo propio con el Prelado, entonces el de Badajoz, y colocando su mano en el arado comenzó la sementera… contaba con veintinueve años.
En breve, unos folletos explicando el programa de la Formación Cristiana: “Nuestro programa aunque eminentemente social, es diametralmente distinto del socialista. La lucha de clases la convertimos en abrazo de esas clases. En ese aspecto seremos puente y seremos río... RIO digo por cuanto que las limosnas y donaciones que les consigamos serán como agua que brotando de las fuentes de la Caridad, se deslicen por nuestra obra hasta desembocar en el mar de las necesidades de los pobres. Y seremos PUENTE por donde pasen los unos en busca de los otros, los capitalistas y los trabajadores, para darse el abrazo de hermanos que sólo en Cristo podrá algún día realizarse.”[26]
Vive nuestro Siervo de Dios en un único entorno: el rural. Y descubrimos las poliédricas caras de cincuenta y ocho años de servicio pastoral en la realidad concreta de la "masa obrera", en las entrañas del mundo peor, y en un solo lugar.
Nuestro joven sacerdote tuvo la corazonada de entregar su vida a la Formación Cristiana, no era el amor platónico de quien experimenta ideales; sí el inicio de una carrera cuasi eterna. No se amilanó el joven Leocadio Galán ante las primeras dificultades manifiestas de una II República que no se mostraba indiferente ante el clero, precisamente. Ni menos madurez ostentó y explicitó ante mofas y burlas de quienes pensaron atrevidamente que "en vez de Formación Cristiana tendrían a las afueras del pueblo una hermosa bodega". Todo responde a la fiel y constante respuesta de un encuentro muy madrugador con el Señor de la mies.
No estamos ante un hombre flemático y apocado, sí ante un hombre temperamental y al más puro estilo de conquistadores. Un hombre-sacerdote extremeño por los cuatro costados en su carácter y en su ser familiar y social. Aquel juramento, como sacerdote, ante la tumba de su padre de entregar su vida por entero 'a la redención de la masa obrera' nos escenifica y plasma en nuestras mentes aquellas otras gestas de personajes históricos que quemaron las naves en tierras de conquista para que ningún tripulante pudiera volver a la querida España. por herencia el amor maternal. Nadie como su madre, María Barrena, ("Mama Margarita" o "abuela María", así lo llamaban los muchachinos) le acompañó antes, durante y después de su ser Sacerdote y Esclavo. Nadie comprendió como ella la entrega generosa y alegre y madura por los niños, los jóvenes y los mayores. Nadie como ella percibió y anotó en su diario silencioso que el día se prolongaba y las noches se acortaban. Nuestro personaje amó a María tanto o más que a quien le dio el ser. Se dejó conquistar por la Dama, la Reina, la Señora, la Madre, y selló el pacto: "Madre, en el cielo tú por mí, en la tierra yo por ti".
Su vida pastoral y Consagrada transcurre toda ella muy marcada por la Guerra Civil Española y por los cuatro decenios del régimen de Franco. Aquellos movimientos de sacerdotes obreros calaron en su alma y se encarnó con los pobres "sin dejar estola y roquete"; y con iniciativa grandilocuente ofertó Cooperativas, Banco de la Providencia -sin intereses-, Hermandades, y hasta un pueblo de colonización; pero sobre todo Formación Cristiana para que las injusticias sufridas en aquella Guerra Civil no renacieran más. Para erradicar el odio, el hambre, la injusticia, es necesario Formación integral, máxime cristiana, ¡es nuestra razón de ser!. Y el mejor medio se torna mostrando "con Pan, Formación y Cariño" la Buena Nueva. Perseverando se salva el alma y conseguimos los Esclavos, y todos los cristianos, hacernos santos, pues para eso hemos venido.
Aprendamos y recemos con él su humilde consigna: “Yo quiero ser un rincón en tu Sagrario, una Perla en tu Custodia, una Cruz en tu Calvario, quiero ser para tu gloria”[2]
5.- Si no tengo amor nada soy. Hornos ardientes de Caridad.-
A) Si no tengo amor nada soy.- I Cor. 13, 1-13
“Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe. Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada. Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada. El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no pasa nunca. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá; porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías, limitadas. Cuando llegue lo que es perfecto, cesará lo que es imperfecto. Mientras yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño, pero cuando me hice hombre, dejé a un lado las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara. Ahora conozco todo imperfectamente; después conoceré como Dios me conoce a mí. En una palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande de todas es el amor”.
B) Hornos ardientes de caridad[3].-
El cimiento de la vida del Esclavo debe ser la Humildad, pues su techo es la Caridad. Ésta es la reina de la virtudes. La caridad es Dios mismo. Sin Dios nuestra vida carece de todo sentido. El Esclavo aspira a ser "hostias que nos coman y consuman nuestras vidas para ser Luz de Fe, Pan de Verdad y Auxilio de una vida menos triste y más humana"[4]. Dice el Siervo de Dios que la Caridad es a la Fe lo que la Resurrección. Si la Caridad no practicamos vana es nuestra Fe, y vana cualquier otra virtud.
El Esclavo está llamado a ser horno ardiente de caridad para un mundo tan frío. Y este horno de caridad debe estar alimentado con el fuego del Amor de Dios, otro no vale. De ser así nos helaríamos de frío.
Don Leocadio se hizo Sacerdote por Amor. Este Sacerdote halló el medio para hacer más fructífero este Amor: La Santa Esclavitud a María para los Pobres. Y aquí se propuso alcanzar la santidad, que se condensa sólo en esto: Amar a Dios cuanto uno sea capaz de amarlo
¿Y qué medios propone el Siervo de Dios para amar a Dios cuanto uno sea capaz de amarlo?. A saber:
- Meditar a diario el Evangelio de las aves y de los lirios.
- Meditar a diario el Evangelio del traslado de las montañas por la fuerza de la fe.
- Meditar a diario el Evangelio de la oración oportuna e inoportuna.
- Meditar a diario el Evangelio del pedid y recibiréis.
- Invocad todos los días a la Virgen María como Reina y Madre de Misericordia.
Y es que sólo en Dios hemos de poner nuestra confianza. Dios-Providencia-Caridad-Pobres-Oración…. Son una misma cosa: horno ardiente de Caridad.
El Amor del Esclavo es un amor de verdad, en hacer siempre y en todo la voluntad de Dios. Lo tradujo bien el pueblo: “obras son amores y no buenas razones”. Los pobres están hartos de buenos consejos, necesitan otros alimentos. Hoy la fe debe entrar por los ojos. Que vean nuestra pobreza compartida en el comer, en el vestir, en el velar sus enfermedades y proteger sus sueños, curar sus dolencias y escuchar sus lamentos; reir con ellos y llorar con ellos; siendo alivio y amparo cuando no tienen a nadie… y otras caridades parecidas. Estas cosas convencen, y las haremos con fuego y luz pero sin humos, sin vanidades, sin egoísmos, y siempre con alegría porque a la cruz no basta con cantarle hay que llevarla cantando. Y el fuego a utilizar será con leña de encina, que arde lentamente y produciendo calor. Dura mucho y deja rescoldos. Así hemos de ser nosotros: fuego interior, fuego de espíritu. Un “yo” convertido en fuego y luz, con valentía y constancia y siempre con sencillez, apostolado sencillo. Así el Amor de Dios prenderá en nosotros y en otros, los que se arrimen.
Insiste vehemente el Siervo de Dios en ser Fuego y Luz, siempre que estemos impregnados sólo de amor de Dios, amor de María y amor a los Pobres seremos Llama que contagie. ¿qué?.
Algunas llamaradas:
a) Hablaremos siempre bien unos de otros. Erradicando la crítica destructiva. Aniquilando la murmuración
b) Buscaremos en todo y siempre la Unión. Es el mejor fruto de la Caridad. Es el grito amoroso del Corazón de Jesús: “amaos unos a otros como Yo os he amado, en esto conocerán otros que sois mis discípulos”. “Todo lo puede el amor. El Esclavo que de verdad ame a su Dios, a su Madre y a sus pobres, no sentirá la carga, ni huirá de los trabajos, no se quejará porque le manden lo imposible, pues cree que todo lo puede y que todo le conviene. Ejecuta muchas cosas, y las pone por obra en los venajes. El que no ama desfallece”
c) Aceptaremos iniciativas de otros y contaremos las nuestras con humildad, sin vanidad.
d) Nada de particularismos, eliminar el amor propio y el deseo de figurar.
e) Unidos siempre y en todo al Santo Padre. Nada sin la Iglesia.
f) Seremos brazos alargados del sacerdote. Tendremos mil y un detalles con ellos, y en especial con los enfermos que vengan a nuestras casas serán para nosotros “Jesús agonizantes”. Una anécdota bonita: un sacerdote que de un susto en la guerra civil tuvo un trastorno psíquico. Fue internado en Mérida y se escapó, viniendo a parar a nuestra casa. Se encontró con él Isabel, la sobrina del P. Leocadio, asustada avisó al Padre, y éste lo acogió, lo lavó, lo afeitó, lo confesó y al salir de la capilla era un hombre normal, no volvió al psiquiátrico…
g) El Amor será el distintivo del Esclavo. Es quien nos ayudará a entrar en el Cielo. Y aquí en la tierra este Amor lo hallamos en la Eucaristía y en los Pobres. Iremos de Dios al pobre y del Pobre a Dios. Es nuestra máxima.
Conclusión.-
Juan Pablo II en su Encíclica Dives in misericordia hace una analogía vital, dice él, para expresarnos la misericordia divina en la parábola del Hijo Pródigo… donde esencialmente resalta el Santo Padre el Gran Patrimonio recibido por este hijo pródigo que es la dignidad de hijo en la casa paterna… nosotros, hoy con toda humildad hemos resaltado nuestro patrimonio en palabras y vivencias de nuestro Padre Leocadio, según su unión con el Señor, y resalto su dignidad de hijo de Dios, explicitada aquí en:
- Su Fe,
- En predicar a Cristo Crucificado y agradeciendo esta firma hermosa de Dios;
- En Amar a todos sin tener derecho a otra cosa, en especial a los pobres, con los que se encontraba muy a gusto;
- En sus amores: La Eucaristía y la Virgen María;
- Y regalando Caridad: el calor de la llama de Amor Viva que prendió en su corazón y en su conciencia, siendo su Vida Fuego y Luz, recogiendo la chatarra que otros abandonaron y sacando objetos de valor.
Mis palabras hoy quieren ser un solemne testimonio de cuanto hizo y fue este regalo de Dios, este Sacerdote que se hizo Esclavo por Amor, pero sólo de Jesús en María para los Pobres.
Y termino como lo hace nuestro P. Leocadio en uno de sus apuntes auto-biográficos: “no hay nadie en el mundo que mientras viva no pueda convertirse a Dios, no pueda ser como Dios, es decir, Santo. Eso sí, debe ser humilde como Nuestra Madre y tener gran confianza en la Virgen María”.
¡Gracias!
[1] Fco. Javier Roero Suárez. Prólogo al Libro El Sacerdote que se hizo Esclavo.
[2] Soliloquios.
[3] En la Entraña del Mundo Peor. Capítulo VIII. Una vida a fuego y luz. Pags 141 ss.
[4] Oración por la Santa Esclavitud. A diario la reza el Esclavo allá donde esté.
